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Statement:
An approaching to the Emerging Media art and its relationship with movements or tendencies of the arts from the XX Century. It characterizes the combinatory and multidisciplinary sense of this art that proposes new horizons in the XXI Century.
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Los procesos dentro de los Medios Emergentes, o como en Cuba se les entiende de un modo más estrecho: Nuevos Medios, han venido a romper con el aislamiento del artista, algo que heredó el siglo XX y que se propuso debilitar desde las posiciones más renovadoras el arte moderno −pueden ser ejemplos el expresionismo, parte del futurismo y del cubismo, el constructivismo, Dada, Bauhaus, el Nuevo Realismo o Fluxus−. La especialización y la integración de esas esferas, la aplicabilidad de las nuevas herramientas que provienen de las ciencias sociales, psicológicas y tecnológicas, hoy en día, dan al traste con la concepción del artista recogido en su estudio. Incluso un creador conocedor de múltiples herramientas se hace más apto para participar de estos nuevos modos de colaboracionismo donde no se excluye el sentido autoral individual, mas es concebida la democratización de la creación.

La naturaleza relacional del espíritu de nuestra época rechaza las pretensiones de autosuficiencia del arte como anhelo de transformación de la vida mediante el mismo; sin embargo, reafirma una idea esencial: el arte consiste en construir espacios y relaciones para reconfigurar material y simbólicamente el territorio común. Las prácticas del arte in situ, la producción empleando las herramientas propias de nuestra época −no las de un pasado harto ensayado−, el desplazamiento del cine en las formas espacializadas de la instalación museística, las formas contemporáneas de especialización de la música o las prácticas actuales del teatro y de la danza van en la misma dirección: la de una desespecificación de los instrumentos, materiales o dispositivos propios de las diferentes artes, la de la convergencia hacia una misma idea y práctica del arte como manera de ocupar un lugar, en el que se redistribuyen las relaciones entre los cuerpos, las imágenes, los espacios y los tiempos.

Es ahí donde encuentro el núcleo de mucho de lo que hoy impele a crear. Lo que impulsa a no acomodarnos en lo conocido, y entrar en lo que resulta explorable, para con su conocimiento hacer algo más. El arte es una de esas formidables expresiones para decir y ofrecer algo más. Como un mirar a donde todos miran, pero de otros modos.

También es de esta forma que se concibe el mundo de la sensorialidad en relación con la producción artística. Un territorio que nos devuelve muchas de las cosas que nos pertenecen y a veces están adormecidas. Y que, gracias a estas confluencias que vivimos, podemos rescatar, explorar y aun develar más; mediante el empleo de las herramientas de nuestra época naciente. Una etapa que ofrecerá mucho más de lo que prevén esos discursos fijados como lapas en la tradición, muchas veces hija infértil del pasado.

Porque la tradición, recuerdo así a alguien que estimo mucho, es una ilusión de la permanencia. Profesar lo contrario, celebrar lo “impermanente”, nos dispone ante las transformaciones, el cambio. Pero, además, resulta un placer constatar que eso sustenta mucho de lo que acontece en el mundo que vivimos. Una “realidad” que llama a cambios y descree de lo estatuido por ser extensión de una noción de fijeza irreal, construida.

El arte generado con Medios Emergentes es consecuencia de un proceso de destronación, de subversión de la sensibilidad cotidiana que tiene su génesis a fines del siglo XIX (conscientes del símbolo que fue Da Vinci, y a la vez rara avis), con las “borrosidades” impresionistas y luego con el “protopixel” del puntillismo; lo que generó en el siglo XX una continua crisis epistemológica que no parece apaciguarse, cuando irrumpen otras herramientas dentro del arte y se evidencia una sospecha: que la realidad no es real. La pintura desde esos momentos expresa una catástrofe en ciernes, un Apocalipsis virtual. Se trata, de hecho, de las primeras imágenes que se presentan explícitamente como una realidad virtual y que, en consecuencia, “sostienen” que la realidad es siempre virtual −nunca realmente real− o, si se quiere, que lo virtual es lo realmente real. Porque renueva el sentido de la realidad y las formas de experimentarla.

Sumergido en esta nueva realidad que se impone por diversos procederes, estamos recuperando la capacidad de sentir y de entrar en un universo multisensorial del cual somos, si nos lo proponemos, parte de sus iniciadores en el contexto histórico y circunstancial que nos toca vivir. Nada más ético entonces que avizorar ese horizonte de futuro y hacer por él. Porque de ese modo contribuimos a aumentar ese necesario descreimiento y esa inevitable integración de procederes que hoy nutren al mejor arte y a otros campos como el de las ciencias. Mañana, tal vez nutran al humano común sin orejeras mentales, espirituales y sensoriales.

Published in ARTECUBANO News. August of 2013