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Statement:
The text is the first part of a critic to the phenomenon of the Reggaeton in Cuba. It emphasizes in the problems related with the superficial thought, the kitsch, the spectacle of the entertainment and the lack of social commitment in the present time.
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Entre los tantos factores sociales, ideológicos, vivenciales y hasta “extrañamente” políticos que estamos viviendo en el presente, uno apunta como un agente disminuidor de lo sensorial.
El Reggaeton, sin querer hacer una historia sobre el fenómeno, tuvo y ha tenido en algunos de sus creadores a personas comprometidas con su sociedad y su cultura, con una vertiente ideológica que mira a las probemáticas y se propone tocar sensibemente –desde otros modos de lenguaje que pueden hasta incluir lo soez, lo que es válido– a una porción social alieanada del mainstream, con la pobreza viviendo junto a ellos. Y eso situó en su momento al fenómeno como un estandarte para muchos panameños, puertorriqueños, dominicanos o “neuyorricans”, entre otros contextos latinos.

Pero Don Dinero y el “blimbineo” del oro y el dorado –como pasó con la psicodelia y los hippies tras el fenómeno Disco– amansaron el fuero interno de algunos, casi traidores de los iniciales principios del Reggaeton.

Y eso es más lo que ha marcado al nuestro, al Cubaton: un grado hasta desagradable de ostentación externa, cosmética grotesca de lo flat o lo ligero, como si dijéramos: “en esas cabezas no vive nadie”. O sí, la cosificación a ultranza y el show de una pasarela más pobre de espíritu que las de la alta costura.

Pero lo que más me mueve a pensar en esto es cómo disminuye este Cubaton la capacidad del sentir y de ser conscientes de nuestra sensorialidad, tan necesaria para interactuar con el mundo y para cuestionarlo creativamente y disensoramente. Además de su base primitiva, unos predecibles bits rítmicos que despiertan lo más básico, casi animal, del ser humano este, principalmente latino y en nuestro caso el cubano, que resulta de un nuevo analfabetismo en lo lingüístico, una pobreza mental que se dedica a repetir clichés de unos a otros, con rimas igualmente predecibles y hasta risibles, si no irritantes por sus faltas imaginativas.

Algunos pocos se escapan a esto, pero lo triste es que al ser un fenómeno social, alienta en un alto por ciento la podredumbre de espíritu que está calando socialmente, a contrapelo de lo que se anuncia oficialmente como logros de la sociedad.

El Cubaton, con sus falsos ídolos, más bien mercaderes de la bajeza y la pobreza escondida tras esos coches, dinero, bikinis ennalgados, contorsiones fuera de cama y pezones erizados, es en su todo como el nuevo dios de lo pedestre que se impone. Y con él un extraño nihilismo que imposibilita a sus seguidores –como nuevos Elpidios Valdés del siglo XXI con cuchilla, planchao y “timbre” en mano pero sin ninguna convicción o compromiso– el percibir más allá de ese “masajeo” mental, más animal que racional, por lo que genera una sociedad, creciente, adormecida, estupidizada, que no confronta sus problemas de vida como grupo social sino que es la masa perfecta para guiar con la pobreza, pero sin revelarse contra ella.

Es sólo el pensar en “playa, playa, piscina, piscina…”, tener el móvil y el CUC y si no, robarlo a alguien –asalto mediante si es necesario–, gritería en las guaguas y por doquier. Pero no sentir la necesidad de cambiar tanto de esto que vivimos, que ha de ser cambiado.

[cover image] Javier Castro. Beyond the lights I see. 2008. Edition: 1 of 10 + 2 A/P.
frency. La Habana, febrero de 2016.
Published in ARTECUBANO News