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Statement:
About the exhibition “Plowing in the sea” of the project Plastic Guajiras (Amarilys González and Yailín González), artists that uses performance, public interventions, video art and installations to explore in problems about gender and sexuality.
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En este sofocante mes de agosto la etapa vacacional parece implicar una disminución de muestras (por razones lógicas). Un recuento de las que han tenido lugar no nos ofrecería imágenes muy favorables sobre las artes visuales en este período estival. Sin embargo, percibimos un síntoma inesperado en Luz y Oficios: la exposición Arando en el mar del reciente proyecto Plastic Guajiras. Sus integrantes, Amarilys González Delgado y Yailín González Hernández, habían desarrollado juntas parte de sus respectivas trayectorias artísticas; pues desde el 2001 y aproximadamente hasta el 2006 formaron parte del grupo 609. Conformado por cuatro féminas, se valían de las más diversas herramientas artísticas (performance, intervenciones públicas, video-arte, instalaciones) para desarrollar obras esencialmente de trasfondo feminista.

Arando en el mar evidencia preocupaciones donde persisten problemáticas sobre género y sexualidad. Visualiza una postura crítica ante nuestra realidad; postura que en momentos se torna cínica; y que de manera más bien sarcástica manifiesta a través de los lenguajes empleados un desvelo por el devenir social, tanto del contexto más cercano, así como del global. Postura que también deja entrever ese nihilismo propio de esta época. Obras instalativas u objetuales como “Las ganas”, “Atarraya” y “Flujo”, dulcifican y embellecen con la metáfora las necesidades e involución de un pueblo, que lejos de convertirse en otras, con el paso del tiempo constituyen otro símbolo de estancamiento. Palanganas viejas reutilizadas, no para sembrar violetas como expresara Teresita Fernández; sino convertidas en una fuente de agua. Un deseo común que late fuertemente en multitudes se hace manifiesto, pero como en la “Cenicienta”, crear ilusiones no basta; y aquí la paradoja en sí misma, que nos habla de una carencia no resuelta. “Las ganas”, nos recuerda esa capacidad inventiva que nos caracteriza, casi siempre matizada con un gran sentido del humor, como si todos en potencia perteneciéramos a la ANIR[1] aunque nuestros experimentos no constituyan la solución.

“Atarraya”, sin embargo, alude a una manera primaria de obtener el alimento para el cuerpo. Pero un oficio tradicionalmente asociado al hombre, devela ahora ese carácter transgenérico de la sociedad, defendido desde la segunda mitad del siglo XX. Una red con un female touch borra límites construidos culturalmente y deconstruye roles establecidos; a la vez que remite a la paciencia cultivada o heredada, en ocasiones reflejo de una actitud de no-acción. Falda que parece adquirir vida en un remake de “Fantasía”. ¿Red o Mantel tejido? ¿Cuál será la presa?

El reciclaje de objetos también se hace patente en una hermosa pieza sensorial: “Flujo”, que una vez en el espacio, dudosamente podamos escapar de su atracción. El arte de la ilusión, la teatralidad que nos traslada a otra dimensión donde, sobre nuestras cabezas, tenemos una inmensa nube que nos baña con agua o una vulva gigante que como nave espacial nos abduce. Seducción de nuestros sentidos donde lo que parece ser, no es exactamente lo que es.

Por otro lado, “Vaciando el mar”, hace vívida la cotidianidad en un cuadro de mix media. Multifuncionalidad atribuida a un objeto que se convierte en nuestro apéndice ante la ausencia de otros. Carencia que lleva al delirium tremens, a hacer posible lo imposible en un paisaje que se transforma, se vuelve otro, permitiendo así la concreción de anhelados intereses en una realidad distinta.

“Repello fino” es expresión suma de erotismo sin necesidad de acudir a formas onduladas ni al carmín para sugerir la sexualidad femenina. Ya de por sí, en nuestro argot popular y dicharachero el término ´repello´ implica una connotación sexual y en esta ocasión, además, lo femenino ha travestido un austero y pálido muro. Haute Couture que permite la insinuación sutil, pero que también nos recuerda obras de artistas como Kerrie Peterson y Jana Sterbak que en el pasado siglo trabajaron con prendas de vestir; por ejemplo, vestidos realizados a partir de lonjas de carne de animal que simbolizaban una doble piel del cuerpo femenino: disfraz para una sociedad inquisidora, impositora de códigos de belleza o que asimismo, pudiera constituir la representación de ese cuerpo social que coacciona, clasifica y reprime; y que llevamos con nosotros.

Las fotografías en cajas de luces retoman el fenómeno de la insularidad que pende sobre nuestras cabezas. “Brincando el charco”, recrea con cierto glamour la estética kitsch que a veces parece inundarnos. Al mismo tiempo, animales arquetípicos de cuentos de hadas son los que emprenden el viaje para conquistar sueños o inician una búsqueda de transformaciones. En un ambiente bucólico y paradisíaco donde el rosa pompadour pudiera ocultar el ocre de la miseria.

En estos tiempos todos parecen construirnos reinados (los Media, la publicidad, el mercado, la propaganda, las instituciones, etc.) tan efímeros como la existencia de un merengue o como el castillo compuesto con cascarones presente en esta muestra. Ilusiones-desilusiones en un contexto donde todo está apuntalado sobre falacias y papeles amarillos; donde cuando soplas todo desaparece “Como la espuma”. Así, un ambiente intimista nos induce a la reflexión sobre esta pobreza que se reproduce como los deshechos de la obra.

En este mundo actual las “flores del mal” expiden el polen de la apatía y los contrarios históricos no parecen reconciliarse; pero ¿sólo nos queda disfrutar de la ceremonia del durofrío o vivir eternamente el martirio de Tántalo? Por otro lado, la flor hay que recorrerla y atravesarla como diría Judy Chicago, un icono del arte feminista; sin embargo, ¿realmente vale en estos momentos chapotear retóricamente sobre discursos feministas polemizados hasta la saciedad en la sociedad occidental?; ¿o valdría más, conociendo la flor hacer algo con ella?

[1] Siglas de la Asociación Nacional de Inventores Racionalizadores.

Publicado en: Noticias ARTECUBANO, No 8, 2013, p.p. 12-13.