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Statement:
An approach to the alternative spaces of art in Havana since 1994 until 2013 and how they propitiate less censorship and bureaucracy, to experience as laboratory with a bigger freedom of speech.
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Arte y alternatividad: indisoluble yuxtaposición. Es lo alternativo ese opuesto necesario y natural; ese pasarse de la raya conociendo bien las leyes de un sistema; es ser brave heart; defender una ética que permite abandonar el círculo de sal protector; es ese otro nacimiento siempre esperado de algún modo; es visualizar luces. En la historia del arte cubano, varios son los ejemplos que se pueden citar en este sentido, pero no es mi interés el hacer un recuento historicista, mas sí reflexionar sobre la presencia de lo alternativo en nuestras artes visuales actuales. Y aunque como expresé, mi disparo no va a la historia, sino a la manifestación de la mencionada alternatividad en ciertos espacios activos en el momento presente, es casi imposible no referenciar antecedentes contextuales claves. Años 80; arte cubano; BOOM inside la institución; irreverencia generacional. Años 90; asomo de un mercado; vacuna institucional para una nueva avant-garde general; búsqueda y necesidad del reconocimiento oficial de algunos: catapulta para un mercado internacional; interés institucional de promocionar rápidamente nuevos nombres que sustituyeran los ochentianos. En un contexto donde todo estaba y está articulado para que todo deba pasar por un filtro: el institucional, que es lo mismo que decir estatal; las paredes institucionales comenzaron a moverse (en muchas ocasiones) cada vez más como una celda de la muerte de la saga de Indiana Jones. Se hizo necesario entonces, el surgimiento de otros espacios donde no hubiera que desgastarse intentado burlar absurdos burocráticos que desconocen los procederes artísticos, donde no se operara con fórmulas preestablecidas ni se jugara al seguro; sino todo lo contrario, donde se experimentara cual laboratorio; donde la máxima fuera respetar un requisito sine qua non del arte: la libertad de expresión, tanto formal como de contenido, viniese de quien fuera.

Por suerte para todos, la madeja de espacios alternativos ha ido creciendo, desde 1994 -año en que surge el pionero, Espacio Aglutinador- hasta el 2013, favoreciendo así una diversidad en las propuestas artísticas, teóricas, etc. Ante la imposibilidad de un cuerpo legal que estimule la creación de este tipo de espacios, la mayoría de las personas (en casi todos los casos artistas) que han decidido lanzarse a esta “aventura”, han tenido la necesidad de convertir sus espacios domésticos en sitios para convivir no sólo con la familia sino también con el arte y todos sus agentes.  Así, de los white cube o de sitios donde el arte aún continúa percibiéndose más como algo “sacro”, pasamos a otros donde la relación arte-vida es más natural, donde nuestro vínculo con el arte es más horizontal que vertical.

Hoy día, se hace aún mucho más inminente el surgimiento de estos espacios otros, del apoyo y reconocimiento gubernamental a los mismos, pues en vez de crearse nuevos espacios oficiales que satisfagan la necesidad del potencial artístico cubano cada vez más numeroso (artistas autodidactas, graduados de las distintas academias y otras personas dedicadas a la creación –conscientes o no de esto–), contradictoriamente constatamos una reducción de los existentes.

En el caso de Espacio Aglutinador –como bien explicita, digámoslo así su manifiesto– continúa exhibiendo obras de “(…) todo tipo de artistas: cubanos y extranjeros, viejos y jóvenes, graduados y autodidactas, famosos, emergentes, heterosexuales y homosexuales, mujeres y hombres, etc.”; quizás con un tamiz demasiado anárquico en ocasiones, pero que aún así y de los contratiempos sufridos, un espacio donde se vive un arte diferente, desarrollado desde múltiples aristas. Asimismo, ha desarrollado atrevidos conceptos curatoriales y proyectos como las Becas PERRO que promovían la investigación, el análisis, la experimentación; a partir del apoyo a creadores de bajos presupuestos económicos, a estudiantes y autodidactas, que no gozaban de ese status “milagroso” de algunos entes, que les permite tener ciertos privilegios y otras posibilidades. Este año, por ejemplo, hizo la presentación del documental “El canto del cisne” de Glexis Novoa, un artista cubano residente en Estados Unidos, material que, aún con sus aciertos y desaciertos, se hace necesario para el estudio de una década como la del 80. Sandra Ceballos, quien preside el mencionado espacio, también tuvo a bien crear el MAM (Museo de Arte Maníaco) con sede momentánea en el Espacio Aglutinador, aunque uno de sus objetivos es el que sea itinerante. Un museo para todos aquellos artistas que deseen volcar sus desenfrenos mentales, sus impulsos psíquicos cualesquiera que sean, su sensorialidad especial hacia lo que les rodea.

También tenemos a Cristo Salvador, ya de los años 2000, que se interesa por promover los valores culturales de prácticas artísticas que de algún modo han sido vetadas por el sistema oficial de promoción de las artes visuales. Libera entonces de la censura y presenta a la luz pública obras concebidas en esta contemporaneidad o en otros momentos históricos. De tal modo, la casa de Otari Oliva se ha convertido, tanto en escenario de prácticas como el graffiti realizadas en su mayoría por jóvenes, así como de piezas de Zarza no comprendidas, quizás aún tampoco, por algunas miradas de los lejanos 70’. Opuesto a los condicionamientos del mercado sobre el quehacer artístico, se enfoca en aquellas obras realizadas desde otros estratos, lejanos a este monstruo sin cabeza; volviéndose la casa una cápsula, de alguna manera un tanto “purista”, receptora del arte marginal, periférico, outsider; pero también genuino y auténtico, y hasta novedoso.

El caso del Studio Riera, de reciente creación, surge en el marco de la Oncena Bienal de La Habana; ofreciendo como espacio colateral y alternativo, algunas de las propuestas más interesantes del mencionado evento, en contraste con lo que paralelamente sucedía en los espacios oficiales designados para el mismo. Se interesa por la integración de las múltiples corrientes artísticas y por el trabajo en conjunto con otros espacios también alternativos e incluso institucionales (no sólo con aquellos pertenecientes al arte; por ejemplo, con hospitales), buscando en esta retroalimentación mejores maneras de comunicar e influir en percepciones a través del arte. Ha tenido como algunas de sus directrices de trabajo, manifestadas en varias curadurías del propio Samuel Riera, el diálogo con lo popular, valiéndose de maneras propias del accionar cotidiano, para despojar al arte de ese halo elitista que tanto lo aleja del espectador más común. También funciona como oficina del Art Brut Project de Cuba, una idea en conjunto con la galería Christian Berst Art Brut de París, donde se desarrolla todo un trabajo investigativo multidisciplinario, que busca descubrir, catalogar, difundir y apoyar la obra de creadores brut cubanos.

La lista, aunque no numerosa, se puede incrementar al mencionar otros espacios como el de OMNI ZonaFranca donde, desde determinados conceptos de la estética y ética urbana-periférica se desarrolla, entre otras prácticas, la poesía visual y el spoken Word; a través incluso, de una plataforma internacional denominada Poesía Sinfín. También está Cocosolo Social Club: el patio de una casa situada en el barrio marginal homónimo, en el cual se conciben espectáculos musicales performáticos y multimediales, y en gran medida contestatarios; utilizando como recursos el absurdo y posturas cínicas para arremeter contra todo aquello establecido, obsoleto y no funcional, y contra los “favorecidos sin fundamento alguno”. La comunidad de Coco Solo siempre ha sido su primer blanco, a la cual siempre la han involucrado en sus acciones de modos diversos; aunque determinadas autoridades, como las del “orden”, no han sabido comprender su influencia positiva en los vecinos. Con un perfil similar existe LASA (Laboratorio de Arte de San Agustín), aunque con un interés más global, en este caso hacia lo contextual. Estudios multidisciplinarios realizados en el municipio de San Agustín (también limítrofe) se aprovechan en el desarrollo de obras y curadurías de marcada inserción social. Ha logrado su presencia en varias bienales nacionales, tanto como espacio colateral como parte de la propia estructura oficial de la bienal. Uno de sus eventos más notables fue “La noche blanca” y dentro de este, el proyecto “La atmósfera” del curador Andrés D. Abreu, el cual logró aunar en “La lavandería de San Agustín” no sólo a muchos de sus habitantes sino a personas provenientes de disímiles municipios de la capital.

MATROSKA, al cual he hecho alusión en artículos precedentes, con sede en el llamado Castillo Árabe, concilia los intereses experimentales de cuatro líneas de trabajo (las tres primeras basadas en la alternatividad) que provienen del Proyecto Cascarilla —desarrollado desde la Academia San Alejandro—, senseLAB —que explora los procesos sensoriales dentro de las artes visuales—, TIER (Taller de Intercambio, Experimentación y Residencia), espacio que forma parte de una red internacional desarrollada desde Alemania y que incluye varios países, y también Huellas (Proyecto artístico comunitario).

Su interés se orienta a fomentar el desarrollo de los Medios emergentes, en nexo con las nuevas tecnologías en el arte, en diálogo con las posibilidades que propicia el arte situacionista, el environment y las cualidades del espacio mismo.

Otros espacios alternativos pueden escaparse de mi memoria, por supuesto; también soy consciente de que puedo estar obviando la existencia de otros sitios ubicados en otras regiones de la Isla; pero el interés de este artículo, más allá de hacer un paneo tan necesario a este conjunto de espacios de la capital, es llamar la atención sobre los sucesos que en ellos tienen lugar, muchos de los cuales pueden y han marcado puntos de giro en la historia del arte cubano; y han sido termómetros de aquello que dentro de los predios oficiales no ha estado marchando bien. Lo alternativo en las artes visuales cubanas tiene espacios; y pase lo que pase, y a pesar de las trabas y las políticas moldeantes seguirán existiendo. Mas seguiré apostando (pues no sería el único país donde ocurre esto) y además porque es posible (pues algunas excepciones se pueden contar en nuestro contexto) por un diálogo de trabajo entre la institución arte y los espacios alternativos en aras de caminar mejor hacia el futuro. Lo alternativo en nuestras artes visuales es, y hay que tenerlo en cuenta para poseer una visión cabal de lo que en estos términos sucede en nuestro país.

Published in the website The Archivist of José Veigas, in 2013.