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Resumen:

"El Anaquel", Yerandee González Durán. Muestra personal de libros de artista. Taller Experimental de Gráfica de la Habana. Febrero / 2017

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En la misma proporción que un libro es un objeto útil para contener ideas, da igual si estas se encuentran codificadas en forma de imágenes, palabras o cualquier otro recurso sígnico, lo puede ser también estético en su dimensión tangible. Un ejemplo suigéneris son los libros a los que no me queda otra alternativa que llamar de “meditación”, género cultivado por Yerandee como mero ejercicio de oficio, también meditativo, al tiempo que como propuesta “literaria” para los "usuarios” de sus obras; compulsados a su vez a hacer acopio de paciencia existencial, con el único requisito de no verse tentados a suscribir sus páginas. En este caso se trata de un diario muy peculiar, atemporal, más bien de un libro de horas que refleja de modo auténtico la realidad misma, expresada de manera primordial, prístina, justo en el segundo anterior a ser atiborrada perceptualmente con toda suerte de interpretaciones e imbecilidades propias de nuestra especie. No es para menos: abrir un libro en blanco, en cualquier dirección que se abra, sin más referentes espaciales que un lomo para sujetar sus páginas, cae fácilmente en la categoría de libreta de notas, cuaderno de apuntes, o cualquier otra celada “racional”, funcional..., como si un objeto de esta naturaleza no se bastara a sí mismo para revelar toda la in- “sustancialidad” que el silencio de sus páginas y factura final pudiera comunicamos.


En la “Biblioteca del Ocio”, por simple contraste con el anterior asunto, se encuentran “joyas” bibliográficas que registran la existencia más banal y rastrera, elevada categorialmente a cultura, o ciencia (no sabría definir), por su elocuente y rigurosa autenticidad para documentar ciertos acontecimientos. Aquí figura “La Enciclopedia del Borracho”, elaborada con cajas abiertas de ron, todas ellas consumidas por el autor, En tal sentido, como la historia clínica de un paciente "tal”, estos documentos atestiguan los placeres o desmanes de un sujeto específico, en este caso Yerandee, que se ha apropiado de un objeto de consumo masivo, vaciado y metabolizado a título personal, para elevarlo a categoría de obra artística.


“El Anaquel” vela por la apariencia de las convenciones para, solo después de una ojeada más minuciosa, develar abiertamente una blasfemia ultrajante.


Tomado de "“Consideraciones y distanciamientos acerca de El Anaquel”.

por: Amilkar Feria Flores

Primavera austral de 2014.

Luanda, Angola