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Resumen:
Consecuencia de una conversación entre el autor y un científico, el texto trata sobre las relaciones y diferencias entre la ciencia y el arte. En cuáles son sus convergencias en una época de ‟adolescencia tecnológica" y qué aporta cada campo.
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Tras la cola de enjuiciamientos que dejó la Bienal, regreso a otras cuestiones que había pausado por razones editoriales y otras urgencias del momento.

Por enero o febrero de este año adelantaba cómo vivimos en una “adolescencia tecnológica”, en el umbral de un estadío diferente, donde se reúnen diversos saberes y disciplinas, tanto de las llamadas humanidades como de lo enmarcado en la ciencia, que renuevan el sentido creativo de estas disciplinas en un proceso combinatorio.

Para algunos reticentes dentro de las ciencias, con esa certeza de que todo ha de ser probado, medido, confirmado o refutado, el arte es un campo secundario dentro de la producción cultural humana. Y ahí un error, por cuanto la ciencia, desde la más teórica y acaso “abstracta” para los comunes, hasta la más práctica y cercana a nosotros, se encarga de develar asuntos esenciales para la condición humana e incluso más allá de nosotros. Pero el campo del arte ofrece algo que la ciencia no provee, al menos evidentemente, y es la alimentación de valores emocionales, espirituales, críticos, ideológicos, estéticos, políticos, entre otros, que precisamente contribuyen en el ser humano sensible y proclive al arte a generarle una mayor capacidad de interconexión, de procesamientos sensorio-racionales, que tributan en el enriquecimiento de su imaginario y esto trae como consecuencia la posibilidad de ser más creativos y desarrollar más nuestra capacidad cerebral y sensorial.

Preguntémonos una vez más qué sería de la ciencia sin la “disparatada” capacidad cuestionadora del arte para generar otros ámbitos que luego han sido la base para crear científicamente ideas antes comprendidas como descabelladas. No planteo nada nuevo, sólo recuerdo.

Quería referirme a esto tras una conversación que mi esposa y yo tuviéramos en una exposición de arte con un interesante científico de la biología, que entre Cuba y Alemania investiga el código genético, la naturaleza animal y vegetal. Fue lo más interesante de la noche y, sobre unos pufs del sitio, decidimos quedarnos confrontando ideas sobre ese “matrimonio” entre ciencia y arte.

Por cuestiones muy personales, e incluso dolorosas y relacionadas con la insensibilidad humana de algunos –hasta dentro de su campo–, este científico se las ha visto con la muerte más que rondando. Lo que le hace ser bastante escéptico respecto a la importancia del arte en un orden jerárquico o de prioridades, cuando de la condición humana se trata. Y eso es medianamente comprensible. Aún así, no hubo refutación alguna a cómo la creatividad –que incluye al arte pero trasciende más allá de ese campo– es como estar al menos un paso delante del transcurso común, algo que es incómodo para los establishments.

Hubo por su parte alguna que otra sonrisa irónica en medio de la conversación, en tono de discusión inteligente, de esas que place entablar. Por la nuestra no había ironía; más bien interés por salirnos del aburrido entorno que muchas veces padecen las charlas entre tragos de exposiciones, donde casi siempre se hallan los mismos o “sociotipos” similares, con los mismos temas: arte, política y chismes. Y si bien es cierto mucho de lo que nos argumentara el buen hombre de ciencias sobre la esencialidad de ciertas cosas en momentos cruciales y dentro del campo de las ciencias, o lo ajustado que resulta el día a día de un laboratorio científico (en lo que difiere del ambiente creativo del arte pero poco a poco va asimilando del mismo dentro de las dinámicas laborales), también lo fue para él aceptar cómo la creación artística ha ofrecido otros horizontes antes desconocidos y que muchos, aún sabiéndolo, lo olvidamos con facilidad.

Tras la conversación, comprobar que vivimos una época de transición. Conflictiva, sí, con lastres, también; pero con otras señales que no responden al pasado sino al futuro. Ese umbral al que me refería. Una antesala a otros procesos donde el arte y sus autores aportan al mundo nuevas y viejas ideas revisitadas, con otras herramientas ya no técnicas, sino tecnológicas; donde la ciencia y sus gestores descubren otras respuestas y dimensiones. Ambos, unidos a conciencia o por sus caminos específicos, empleando instrumentos a veces afines y que se utilizan con no tan disímiles propósitos: los del conocimiento de quiénes y cómo somos, trazándonos caminos que progresivamente no serán aislados, cuando pasemos de este portal que hoy vivimos.


[imagen cover] Stelarc. Hands Writing. One Word with Three Hands Simultaneously. 1982. Courtesy of the artist. Photo by Keisuke Oki.

frency. La Habana, septiembre de 2015. 
Publicado en Noticias ARTECUBANO